TIERRA DE DEVOCIÓN.

Los tibetanos son un pueblo profundamente religioso, quizás el más religioso del mundo. Monjes, agricultores, nómadas y comerciantes son todos unificados en su fe por el sistema budista, religión que ha transformado la vida en el Tíbet, ya que de ser un grupo de nómadas guerreros, paso a ser una civilización dedicada a las metas espirituales y artísticas, con un profundo respeto hacia la paz y armonía.

Muchos siglos antes de que el budismo fuera llevado al Tíbet, los tibetanos creían que las fuerzas de la naturaleza eran en realidad espíritus y dioses que debían de ser propiciados y venerados, ideas comprensibles al convivir con las portentosas fuerzas de la naturaleza presentes en el Tíbet. Este sistema de creencias fue llamado Bon y pasó con el tiempo a formar parte del Budismo Tántrico Tibetano.

El Budismo llegó al Tíbet aproximadamente en el S. VII . Esta religión fue fundada en India por un asceta conocido con el nombre de Buda (Siddhartha Gautama) el cual significa "El Despierto" , aquel que ha actualizado todos sus potenciales, trascendido sus limitaciones y aprendido a ver las cosas tal cual son. Los budistas creen en la reencarnación, el ciclo del nacimiento, la muerte y el renacimiento y también creen en el Karma, la ley de la causa y el efecto. Cuando una persona muere se cree que en dependencia al Karma que ha acumulado, ésta renacerá como hombre, dios, animal o demonio.

La meta del budismo es el terminar con este ciclo recurrente y alcanzar el Nirvana, la cesación del sufrimiento o estado de suprema felicidad. El Buda enseño que los hombres podían alcanzar el Nirvana a través de las prácticas meditativas, fuerza de la plegaria, una conducta ética, una actitud altruista hacia el prójimo y la búsqueda de la sabiduría.

La religión tibetana es en ocasiones denominada lamaísmo, ya que sus monjes son llamados lamas. Alrededor de todo Tíbet, encontramos los símbolos de la unión de la religión budista y el animismo Bon : montones de piedras denominadas "mani" inscritas con mantras o invocaciones sagradas, protegen los pasos de las montañas o lugares importantes. Banderas de plegarias colocadas por todas partes del vasto territorio tibetano esparcen con el viento las plegarias del hombre hacia los Budas. Todo el templo e individuo cuenta también con los famosos molinos de plegarias, cilindros inscritos y rellenos de mantras, los cuales son puestos en movimiento por el viento, el agua o las manos.

Los templos tibetanos son resguardados por numerosas estatuas de Bodhisattvas, seres evolucionados en su comprensión del amor y la sabiduría, así como de protectores, seres terroríficos que representan las fuerzas que destruyen la ignorancia.

Los templos en sí mismo se encuentran impregnados del penetrante olor de incienso y la manteca de yak. En su interior el velo de la obscuridad y las sombras envuelven sus misterios, ya que la única iluminación es provista por las candelas de manteca de yak.

Inmensos y coloridos murales cubren sus paredes, estatuas doradas se alinean a los lados de los corredores y salas de meditación. El altar contiene grandes estatuas de Budas y otros aspectos de la mente despierta. Los devotos circulan alrededor de estas representaciones colocando ofrendas de Khatas en sus cuellos o manos. Las Khatas son mascadas blancas de seda, las cuales son ofrendadas como símbolos de paz y respecto. Muchos peregrinos recitan el mantra nacional "Om mani Padme Hum" que significa "Paz, la joya en el loto". Algunas personas asisten a los templos todos los días con el fin de depositar en ellos ofrendas de mantequilla de yak para sus lámparas.

Numerosos peregrinos viajan grandes distancias para visitar los templos más importantes tales como el Jokhang de Lhasa, en donde se encuentra la primera estatua de Buda, traída a estas tierras por una de las esposas extranjeras del afamado rey Tsong Tsen Gampo.

La vida monástica nunca ha sido sencilla. El día empieza antes del amanecer, monjes y monjas se mantienen ocupados con numerosas labores. Algunos se dedican durante largas horas al estudio y a las plegarias, otros trabajan como artistas, artesanos, cocineros, maestros o constructores. Aunando a todas estas actividades sus prácticas meditativas, el estudio de sus escrituras y la recitación de sus mantras.

Cualquiera era bienvenido a los monasterios; los niños ingresaban a los 7 años y las niñas a los 10. Cada familia trata de enviar a un niño a estos importantes centros de estudio, ya que el tener un hijo monje constituye uno de los más altos honores de la sociedad tibetana.

Hasta 1959 el Tíbet contaba con más de 6250 monasterios, algunos de estos con capacidad de albergar más de 7,000 lamas a la vez. Los monasterios también desarrollaron y preservaron la cultura tibetana. Los más grandes poetas, artistas, escultores y músicos del Tíbet fueron en su mayoría monjes. Su labor principal era la de realizar labores rituales y guiar a la población a través del difícil sendero del desarrollo espiritual. También algunos de estos cooperaban en el gobierno tibetano conjuntamente con laicos y nobles.


Last revised: August 08, 2001
Texto escrito por Marco Antonio Karam, Presidente de Casa Tibet Mexico.
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